El hombre que plantó una selva

Jadav Payeng ha dedicado 35 años de su vida a crear un bosque de 550 hectáreas que da refugio a especies de animales amenazadas.

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Nunca deberíamos subestimar el poder del individuo, ese poder que cada uno de nosotros llevamos dentro. El poder que tenemos para mejorarnos, y mejorar nuestro entorno. El cambio empieza siempre desde uno mismo.

Majuli Island, al norte de la India, es una región que, desde principios del siglo XX, ha sido erosionada por los monzones, perdiendo más de la mitad de su masa de tierra y convirtiéndose en una masa de tierra yerma.

En un esfuerzo para evitar que la tierra y su vida salvaje desaparezcan de esta isla, un solo hombre, un joven isleño de 16 años, desde 1979 empezó a plantar árboles. Su nombre es Jadav “Molai” Payeng.

Comenzó enterrando semillas a lo largo de un banco de arena estéril cercano a su lugar de nacimiento, en la región norteña de Assam en India. Su idea era crear un refugio para la fauna salvaje, proyecto al cual al poco tiempo, decidió dedicar su vida.

Y así ha pasado los últimos 35 años de su vida, plantando árboles. Árbol a árbol, actualmente Payeng ha conseguido crear un bosque que ya tiene 550 hectáreas, una extensión mayor que la de Central Park (341 hectáreas). Payeng asegura que continuará plantando árboles hasta su último aliento.

Todo comenzó en 1979, cuando las inundaciones de ese año mataron a cientos de serpientes que vivían en el banco de arena. Un día, cuando las aguas habían retrocedido, Payeng encontró el lugar repleto de reptiles muertos. Ese fue el punto de quiebre en su vida. “Las serpientes murieron de calor, sin ningún tipo de sombra arbórea. Me senté y lloré sobre sus cuerpos sin vida. Fue una carnicería. Alerté al departamento forestal y les pregunté si se podían plantar árboles ahí. Me respondieron que nada crecería en ese lugar. Me dijeron que tratara de plantar bambú. Fue doloroso, pero lo hice. No había nadie que me ayudara. Nadie estaba interesado”, declara Payeng.

A pesar de los años que ha dedicado Payeng a esta noble misión, los efectos de su trabajo fueron prontamente aprovechados por la fauna local. Demostrando una comprensión profunda del equilibrio ecológico, Payeng incluso transplantó hormigas a su floreciente ecosistema para reforzar la armonía natural. Pronto el banco de arena sin sombra se transformó en un entorno que funcionaba por sí solo y donde una variedad de criaturas podían vivir. El bosque, llamado Molai, sirve hoy como refugio para numerosas aves, ciervos, rinocerontes, tigres, elefantes y especies en riesgo por la perdida de sus hábitats en otros lugares.

 

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