Regala CALMA, regala SALUD, regala YOGA..

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En esta época de distanciamiento social, todos hemos vivido momentos de querer compartir, ya sea por algún cumpleaños, o simplemente para animar o ayudar a algún ser querido, y quizás no hemos encontrado manera u opciones para hacerlo.. Así que … Sigue leyendo

Invocación a Patañjali

En el sistema de Yoga Iyengar, en todo el mundo, las clases comienzan con la invocación o canto a Patañjali.

A los que están comenzando en la práctica de yoga, esto es algo que les puede parecer extraño, y algunos sienten curiosidad, es por eso que vamos a explicar el por qué de esta tradición.

Lo primero aclarar que es opcional, en respeto y consideración a las creencias personales de cada individuo. No es un rezo religioso. Los/as alumnos/as son invitados a hacerlo, pero no es necesario que canten si no se sienten cómodos al principio.

Hacer este canto juntos al comienzo de cada clase, nos permite “llegar” al completo, dejando atrás nuestro día a día, nuestras preocupaciones, permite que nuestro cuerpo, mente y corazón aterricen en el momento presente, para así comenzar plenamente nuestra práctica de yoga.

Además es un tributo a todos nuestros maestros, mediante el cual como un regalo, ofrecemos nuestro reconocimiento y respeto a todos los que a lo largo de nuestras vidas se han presentado para  enseñarnos algo, o todas las situaciones que nos han dejado aprendizaje en distintos aspectos de nuestras vidas.

Geeta Iyengar comentaba sobre el canto de estos versos antes de la clase o la práctica:

“Cantamos así de tal manera que al principio ese sentimiento de santificación venga de dentro, acompañado del abandono de uno mismo, porque no se puede aprender nada en este mundo sin que poseas la humildad para aprender. Así que en el momento en que piensas en el Señor al comienzo de la práctica, sabes que eres muy pequeño frente a la grandeza del alma.  Una vez que se comprende esto, los otros problemas que siempre aparecen mientras practicamos, principalmente concernientes al ego, se verán afectados.  Sabes que debes descender (humildad) para aprender algo.  Y no podrás aprender nada a menos que desciendas;  si piensas que estás arriba y sabes todo, entonces no eres un verdadero aprendiz.  En este sentido, los cánticos ayudan.”

La invocación dice así:

Yogena cittasya padena vacam

(Yo-gue-na chi-ta-siah pa-de-nah va-cham)

Malam sarirasya ca vaidyakena

(ma-lam sha-rii-rah-siah cha vaid-yah-ke-nah)

Yopakarottam pravasrm muninam

(yo-pah-kar-oh-tahm prah-vah-rahm mu-nii-nahm)

Patanjalim pranjaliranato smi

(pa-tahm-lla-lim prahm-lla-li-ah-nah-to-smii)

Abahu purusakaram

(ah-ba-ju pu-ru-sha-ka-ram)

Sankha cakrasi dharinam

(shan-ka cha-kra-si dar-i-nahm)

Sahasra sirasam svetam

(sah-hah-srah sheer-ah-sahm shvay-tahm)

Pranamami patanjalim

(prah-na-ma-mi pa-tahn-lla-lim)

Hari Om

Escuchar Invocación recitada por el Maestro B.K.S. Iyengar.

La traducción extraída del libro “Luz sobre los Yoga Sutras de Patanjali” de B.K.S. Iyengar la traduce así:

 “Inclinémonos ante Patañjali, el más noble de los sabios, que nos dio el yoga para serenar y santificar la mente, la gramática para la clarificar y purificar el habla, y la medicina para perfección de la salud.

Postrémonos ante Patañjali, una encarnación de Adisesa, cuyo cuerpo superior tiene una forma humana, cuyos brazos sostienen una concha y un disco, y que está coronado por una cobra de mil cabezas.”

Geeta S. Iyengar explicaba la invocación a Patañjali de esta manera (texto extraído de la publicación de Yogadhara, conmemorando el 80 cumpleaños de Guruji):

Ahora déjenme decirles acerca de la invocación a Patañjali, su significado y simbolismo. La invocación comienza con Aum. Aum es el sonido primordial, un adi nada (sonido original) melódico, sonoro y sublime. Las tres sílabas A, U, M representan la gama entera del sonido y la creación. Representan el despertar del sueño y de los estados letárgicos de la conciencia. La media luna simboliza el estado transcendental. Aum es pranava que significa elevado, insuperable alabanza al principio supremo, la divinidad. Según Patañjali esto simboliza Isvara, la divinidad “tasya vacakah pranavah”. Siendo la fuente de todas las energías Aum se expresa como un principio auspicioso. Ninguna actividad sagrada será completa, profunda y perfecta sin efectuar la suprema bendición y Aum es la mayor invocación para conseguirla.

Como la música es uno de los mejores medios para expresar sentimientos, amor y devoción, se comienza así con el Aum. La invocación que cantamos primero es como sigue:

Yogena cittasya padena vacam – malam sarirasya ca vaidyakena – yopakarottam pravaram muninam – Patanjalim pranjalir anato’smi

Significado: Al más noble de los sabios, Patañjali, que nos dio el yoga para la serenidad de la mente, la gramática para la pureza de la lengua y la medicina para la perfección del cuerpo, te saludo.

La segunda parte describe la imagen de Patañjali:

abahu purusakaram – sankha cakrasi dharinam – sahasra sirasam svetam – pranamami Patanjalim.

Significado: Primero te honro, Patañjali, en cuya parte superior tienes forma humana, en cuyos brazos sostienes una concha, un disco y una espada, quien estás coronado por una cobra de mil cabezas. ¡Oh! encarnación de Adisesa mi humilde saludo a ti.

Los autores de esta invocación son realmente desconocidos. Nunca fue la costumbre en aquellos días mencionar el nombre de uno mismo como autor o escritor. Sin embargo, algunos libros tradicionales mencionan que abahu purusakaram fue escrito por el rey Bhojadeva en el 1.100 d.C., autor de Rajamartanda Vrtti, un comentario de los Yoga Sutras.

Cada aspecto de la estatua de Patañjali lleva un significado como las intrincadas palabras de los sutras.

Cuando uno mira detenidamente a la imagen del Sabio Patañjali ve las tres espiras y media por debajo del ombligo. Las tres espiras indican el Pranava Aum, un símbolo místico que transmite el concepto de Dios como generador, organizador y destructor. Representándolo como omnipresente, omnipotente y omnisciente. Aum es compuesto de tres sílabas, A, U y M con una media luna y un punto sobre la cima. Las tres espiras completas simbolizan las sílabas, y la media espira, la media luna. También representan los tres gunas de prakriti (naturaleza), concretamente sattva, rajas y tamas, un modo de aspirar al estado de trigunatita, que es el estado trascendental. El Sabio Patañjali invita nuestra atención hacia los tres tipos de aflicciones, concretamente  adhyatmika, adhibhautika y adhidaivika, que deben ser vencidas siguiendo el camino del yoga. Las tres espiras indican que Él es un maestro del yoga, de la gramática y del ayurveda. La media espira indica el logro del estado de kaivalya (emancipación eterna).

La concha, en la mano izquierda, significa el estado de alerta, de atención y de disponibilidad para afrontar obstáculos, que son inevitables en la práctica del yoga. Antaño la concha fue hecha sonar como una llamada de advertencia para afrontar desastres o calamidades tal como hoy se hace con sirenas. Es también un símbolo de jnana (conocimiento).

El disco, en la mano derecha, significa la destrucción de la ignorancia con el esfuerzo supremo y es un símbolo de protección. La espada, escondida en la cintura, indica el recorte del ego, del orgullo o sentido del yo que es el principal obstáculo que cubre al ser puro. Es una espada de jnana para vencer a ajnana (ignorancia). Estas tres armas también son indicadas para controlar las fluctuaciones mentales, remover los obstáculos y erradicar las aflicciones a través de la práctica del yoga.

La capucha sobre la cabeza es una seguridad y una protección de Adisesa, el rey de las serpientes. Esta protección siempre está presente en el practicante, a condición de que él se rinda al Señor, que es representado en atmanjali mudra, las manos plegadas en namaskara. El Bhagavatam narra la historia del nacimiento del Señor Krsna. Puesto que Vasudeva fue alertado por los Dioses del cielo, que su octavo hijo Krsna sería asesinado por Kamsa, él toma al niño Krsna desde Mathura a Gokul para protegerlo del demonio Kamsa. El río Yamuna fue inundado mientras llovía a cántaros. En aquel cruce Adisesa protegió a Vasudeva y al niño Krsna sosteniendo la capucha sobre ellos como un paraguas, e hizo un camino exactamente en medio del río, de modo que Vasudeva pudiera cruzar el río fácilmente. El Señor Patañjali indica con su capucha, que Él es nuestro protector, a condición de que nosotros destruyamos los males ocultos dentro de nosotros por la espada del yoga, purificándonos con el Sadhana yóguico.

Las mil cabezas de cobra, sahasra sirasam svetam, indican que Patañjali se muestra como mitad hombre y mitad serpiente. La forma humana indica la individualidad del hombre, ya que Él ha sido dotado con la inteligencia para usar sus propios esfuerzos para alcanzar la meta. La forma de la serpiente sugiere el movimiento y la continuidad de Sadhana, que no puede terminarse hasta que el objetivo sea alcanzado.

Patañjali nos guía a movernos como una serpiente, intensa, silenciosa y veloz sobre la senda del yoga y ser un tivrasamvegin, el tipo definitivo de discípulo. Si han entendido el significado, ofrezcan sus rezos con una mente devota, de modo que sepan qué entiende el Sabio Patañjali por tajjapah tadarthabhavanam, que significa: reciten las oraciones conscientemente, repetidamente, con devoción.

Permítanme ahora darles algunas de las cualidades de Patañjali, de acuerdo con sus trabajos. Patañjali es un inmortal, con una personalidad versátil, un maestro de diferentes conocimientos con cualidades divinas. Es un dharmin, virtuoso y piadoso en hechos, un tapasvin, un sannyasin y un devoto practicante. Es artista, bailarín experto, científico, matemático, astrónomo, erudito, físico, psicólogo,  biólogo, neurólogo, cirujano, médico experto y excelente educador. Es la encarnación de cualidades gloriosas, en sraddha (fe), virya (vigor) y vairagya (renuncia). Es un experto en el tiempo psicológico y cronológico, así como en la ciencia de la gravedad. Él trasciende los purusharthas a saber, dharma (deber religioso), artha (adquisición de riqueza), kama (satisfacción de los deseos) y moksa (liberación de la existencia material), así como prakriti. Tiene una memoria insuperable y está bien versado con la naturaleza y sus funciones. Permaneciendo un ser puro, un perfecto siddhan, un Alma realizada. Todas estas cualidades bañan la vida de Patañjali.

Esto no es exageración. Los siddhis (poderes) mencionados en el Vibhuti Pada, relatan los varios aspectos de la existencia, del cosmos, del cuerpo, de la mente y llevan  el sello de su experiencia auténtica y profunda. Déjenme concluir este viaje inmortal, queridos sadhakas, con un anjali, un ofrecimiento sublime. Nuestra fe debería crecer con la comprensión. Cuando el ego comienza a disolverse, los ojos empiezan a ver la grandeza de las enseñanzas inspiradas por uno de los más originales pensadores que alguna vez vivió. Nosotros somos mortales y Patañjali es un Alma inmortal. Tal como un río no conserva su identidad al unirse con el mar, dejemos que nuestras prácticas se fundan en el río de la luz ardiente del yoga, transmitida a nosotros por el Señor Patañjali.  

Hari Om Tat Sat.”

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Retomamos las clases de YOGA PRENATAL

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Analogía del Árbol y el Yoga

BeSlowYogaStudio_Árbol_

Seguro que te habrás fijado en esa imagen pintada a la entrada de nuestro yoga studio. Ese humano con raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos. Quizás hayas identificado la postura o āsana en la que está, como lo hacían el otro día unos niños al salir de su clase de yoga. Pero, ¿te has preguntado si tiene algún significado especial? ¿Qué puede significar un ser humano que parece un árbol?

Pues esta imagen está inspirada en un texto de B.K.S. Iyengar, Analogía del Árbol y el Yoga, y dice así:

Para cultivar una planta hacemos primero un agujero en la tierra, retiramos las piedras y los hierbajos y ablandamos el suelo. Luego introducimos la semilla en el suelo cubriéndola cuidadosamente con tierra blanda para que al abrirse no la dañe el peso de la tierra. Finalmente, regamos un poco la semilla y esperamos a que germine y crezca. Después de uno o dos días, la semilla se abre en forma de brote y empieza a crecerle un tallo. Luego el tallo se divide en dos ramas y echa hojas. Crece continuamente formando un tronco y produce ramas cargadas de hojas que se abren en diversas direcciones.

De forma similar, el árbol del sí mismo necesita cuidados. Los sabios de la antigüedad, que experimentaron la visión del Alma, descubrieron la semilla de ésta en el yoga. Dicha semilla presenta ocho segmentos, los cuales, a medida que crece el árbol, dan origen a los ocho miembros del yoga.

La raíz del árbol es el yama, que comprende cinco principios: ahiṁsā (no violencia), satya (amor a la verdad), asteya (hallarse libre de avaricia), brahmacharya (control del placer sensual) y aparigraha (hallarse libre de codicia y de la posesión más allá de las propias necesidades). La observancia de yama disciplina los cinco órganos de acción, a saber, los brazos, las piernas, la boca, los órganos de procreación y los órganos de excreción. Naturalmente, los órganos de acción controlan los órganos de percepción y la mente: si la intención es causar daño, pero los órganos de acción se niegan a hacerlo, el daño no se llevará a cabo. Así pues, los yoguis comienzan por el control de los órganos de acción. Yama es por tanto la raíz del árbol del Yoga.

A continuación viene el tronco, comparable a los principios que componen niyama. Estos son śaucha (limpieza), santoṣa (contento), tapas (ardor), svādhyāya (estudio del sí mismo) e Īśvara praṇidhana (entrega de uno-mismo). Estos cinco principios de niyama controlan los órganos de percepción: los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel.

Del tronco del árbol surgen varias ramas. Una crece muy larga, otra de lado, otra en zigzag, otra recta… etcétera. Estas ramas son las āsanas, las diversas posturas que armonizan las funciones físicas y fisiológicas del cuerpo con el modelo psicológico de la disciplina yóguica.

De las ramas crecen las hojas, cuya interacción con el aire suministra energía a todo el árbol. Las hojas absorben el aire exterior y lo conectan con las partes internas del árbol. Se corresponden con prāṇāyāma, la ciencia de la respiración, que conecta el macrocosmos con el microcosmos y viceversa. Nótese cómo, en posición invertida, los pulmones representan un árbol. A través del prāṇāyāma, los sistemas respiratorio y circulatorio son conducidos a un estado de armonía.

El dominio de āsanas y prāṇāyāma ayuda al practicante a desligar la mente del contacto del cuerpo, lo que conduce automáticamente a la concentración y la meditación. Las ramas del árbol se hallan todas cubiertas por una corteza. Sin la protección de la corteza, el árbol sería carcomido por los gusanos. Esa cubierta preserva la energía que fluye dentro del árbol desde las hojas a la raíz. Así, la corteza se corresponde con pratyāhāra, el viaje de los sentidos hacia adentro desde la piel al núcleo del ser.

Dhāraṇā es la savia del árbol, el jugo que transporta la energía en su viaje hacia el interior. Dhāraṇā es concentración: enfocar la atención en el núcleo del ser.

El fluido del árbol, o savia, conecta la última punta de las hojas con los extremos de la raíz. La experiencia de esta unidad del ser desde la periferia hasta el centro, donde el observador y lo observado son uno, se alcanza en la meditación. Cuando el árbol está sano y el suministro de energía es excelente, brotan de él flores. Así dhyāna, la meditación constituye la flor del árbol del Yoga.

Finalmente, cuando la flor se transforma en un fruto, éste se denomina samādhi. Al igual que la esencia del árbol se halla en el fruto, así también la esencia de la práctica del yoga está en la libertad, el equilibrio, la paz y la beatitud de samādhi donde el cuerpo, la mente y el alma se unen y se funden con el Espíritu Universal.*

Agradecidos enormemente a nuestro querido maestro por transmitirnos este conocimiento, esta preciosa analogía. Agradecidos también infinitamente al equipo CNFSN+ por el diseño de esta imagen, que nos acompaña cada día en nuestra práctica, recordándonos que la semilla del yoga está en cada uno de nosotros, de nuestra mano está regarla y cuidarla para que se convierta en un árbol fuerte y sano, y así poder, muy pronto alcanzar los tan esperados frutos, la Realización del Verdadero Ser que está en nosotros.
*Texto estraído del libro “El Árbol del Yoga” de B.K.S. Iyengar.