Este miércoles 20 Meditación Heartfulness por la Paz

Este miércoles 20 Meditación Heartfulness por la Paz

El jueves 21 de septiembre se celebra el Día Mundial por La Paz. La semana que viene el Instituto Heartfulness en España celebra este día meditando desde sus diferentes centros Heartfulness. Así que en Be Slow Yoga Studio te invitamos … Sigue leyendo

Analogía del Árbol y el Yoga

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Seguro que te habrás fijado en esa imagen pintada a la entrada de nuestro yoga studio. Ese humano con raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos. Quizás hayas identificado la postura o āsana en la que está, como lo hacían el otro día unos niños al salir de su clase de yoga. Pero, ¿te has preguntado si tiene algún significado especial? ¿Qué puede significar un ser humano que parece un árbol?

Pues esta imagen está inspirada en un texto de B.K.S. Iyengar, Analogía del Árbol y el Yoga, y dice así:

Para cultivar una planta hacemos primero un agujero en la tierra, retiramos las piedras y los hierbajos y ablandamos el suelo. Luego introducimos la semilla en el suelo cubriéndola cuidadosamente con tierra blanda para que al abrirse no la dañe el peso de la tierra. Finalmente, regamos un poco la semilla y esperamos a que germine y crezca. Después de uno o dos días, la semilla se abre en forma de brote y empieza a crecerle un tallo. Luego el tallo se divide en dos ramas y echa hojas. Crece continuamente formando un tronco y produce ramas cargadas de hojas que se abren en diversas direcciones.

De forma similar, el árbol del sí mismo necesita cuidados. Los sabios de la antigüedad, que experimentaron la visión del Alma, descubrieron la semilla de ésta en el yoga. Dicha semilla presenta ocho segmentos, los cuales, a medida que crece el árbol, dan origen a los ocho miembros del yoga.

La raíz del árbol es el yama, que comprende cinco principios: ahiṁsā (no violencia), satya (amor a la verdad), asteya (hallarse libre de avaricia), brahmacharya (control del placer sensual) y aparigraha (hallarse libre de codicia y de la posesión más allá de las propias necesidades). La observancia de yama disciplina los cinco órganos de acción, a saber, los brazos, las piernas, la boca, los órganos de procreación y los órganos de excreción. Naturalmente, los órganos de acción controlan los órganos de percepción y la mente: si la intención es causar daño, pero los órganos de acción se niegan a hacerlo, el daño no se llevará a cabo. Así pues, los yoguis comienzan por el control de los órganos de acción. Yama es por tanto la raíz del árbol del Yoga.

A continuación viene el tronco, comparable a los principios que componen niyama. Estos son śaucha (limpieza), santoṣa (contento), tapas (ardor), svādhyāya (estudio del sí mismo) e Īśvara praṇidhana (entrega de uno-mismo). Estos cinco principios de niyama controlan los órganos de percepción: los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel.

Del tronco del árbol surgen varias ramas. Una crece muy larga, otra de lado, otra en zigzag, otra recta… etcétera. Estas ramas son las āsanas, las diversas posturas que armonizan las funciones físicas y fisiológicas del cuerpo con el modelo psicológico de la disciplina yóguica.

De las ramas crecen las hojas, cuya interacción con el aire suministra energía a todo el árbol. Las hojas absorben el aire exterior y lo conectan con las partes internas del árbol. Se corresponden con prāṇāyāma, la ciencia de la respiración, que conecta el macrocosmos con el microcosmos y viceversa. Nótese cómo, en posición invertida, los pulmones representan un árbol. A través del prāṇāyāma, los sistemas respiratorio y circulatorio son conducidos a un estado de armonía.

El dominio de āsanas y prāṇāyāma ayuda al practicante a desligar la mente del contacto del cuerpo, lo que conduce automáticamente a la concentración y la meditación. Las ramas del árbol se hallan todas cubiertas por una corteza. Sin la protección de la corteza, el árbol sería carcomido por los gusanos. Esa cubierta preserva la energía que fluye dentro del árbol desde las hojas a la raíz. Así, la corteza se corresponde con pratyāhāra, el viaje de los sentidos hacia adentro desde la piel al núcleo del ser.

Dhāraṇā es la savia del árbol, el jugo que transporta la energía en su viaje hacia el interior. Dhāraṇā es concentración: enfocar la atención en el núcleo del ser.

El fluido del árbol, o savia, conecta la última punta de las hojas con los extremos de la raíz. La experiencia de esta unidad del ser desde la periferia hasta el centro, donde el observador y lo observado son uno, se alcanza en la meditación. Cuando el árbol está sano y el suministro de energía es excelente, brotan de él flores. Así dhyāna, la meditación constituye la flor del árbol del Yoga.

Finalmente, cuando la flor se transforma en un fruto, éste se denomina samādhi. Al igual que la esencia del árbol se halla en el fruto, así también la esencia de la práctica del yoga está en la libertad, el equilibrio, la paz y la beatitud de samādhi donde el cuerpo, la mente y el alma se unen y se funden con el Espíritu Universal.*

Agradecidos enormemente a nuestro querido maestro por transmitirnos este conocimiento, esta preciosa analogía. Agradecidos también infinitamente al equipo CNFSN+ por el diseño de esta imagen, que nos acompaña cada día en nuestra práctica, recordándonos que la semilla del yoga está en cada uno de nosotros, de nuestra mano está regarla y cuidarla para que se convierta en un árbol fuerte y sano, y así poder, muy pronto alcanzar los tan esperados frutos, la Realización del Verdadero Ser que está en nosotros.
*Texto estraído del libro “El Árbol del Yoga” de B.K.S. Iyengar.
Introducción a la Meditación Heartfulness este fin de semana

Introducción a la Meditación Heartfulness este fin de semana

Este fin de semana disfrutaremos este curso de Introducción a la Meditación Heartfulness de 3 sesiones. Durante estas sesiones vamos a relajarnos y a experimentar la meditación Heartfulness. Aprende una manera sencilla y efectiva de relajación, y técnica de meditación … Sigue leyendo

El Pranayama

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Cuando el prana se mueve, chitta (mente) se mueve. Cuando el prana está tranquilo, chitta también está tranquila. Por esta quietud (del prana) el yogui alcanza la calma. Por lo tanto debe controlarse vayu (aire).”

                                                               – Verso 2, Cap. II del Hatha Yoga Pradipika

La respiración es la función fisiológica más directamente relacionada con el prana (la energía), y es también un eslabón entre el cuerpo físico y la mente. La actividad físico-mental está íntimamente ligada a la dinámica del proceso respiratorio, y las fluctuaciones de este modifican las constantes vitales y la actividad cerebral. Por ejemplo, cuando la respiración se suspende, la mente queda inmovilizada, debido a que los pensamientos se nutren de la energía que les suministra la respiración.

Conscientes de la interdependencia existente entre estos factores (cuerpo, mente y respiración), los yoguis investigaron a fondo las repercusiones de la respiración y desarrollaron el pranayama, un conjunto de técnicas que regulan el proceso respiratorio, y cuyos principales objetivos son:

a. Purificar el cuerpo físico y el cuerpo energético.
b. Equilibrar los flujos de las energías vital y mental.
c. Incrementar el nivel de energía (prana).
d. Regular el flujo del prana para estabilizar la actividad mental.

Recordemos que una de las premisas básicas del Hatha Yoga es que, al controlar el prana, la mente queda automáticamente controlada. En el Raja Yoga el proceso es a la inversa, controlando la mente se consigue el control sobre el prana.

Beneficios generales del pranayama

– La práctica del pranayama influye positivamente en todas las estructuras del ser humano: el cuerpo físico, el cuerpo pránico y los niveles emocional y mental.
– Mejora la captación de oxígeno y la eliminación del dióxido de carbono.
– Purifica las vías respiratorias y los pulmones e incrementa la circulación sanguínea.
– Asegura la apropiada circulación de los fluídos corporales en los riñones, estómago, intestinos, hígado, etc. Estimula el proceso digestivo.
– Purifica la sangre.
– Tonifica el corazón, el sistema nervioso, la médula espinal y el cerebro.
– Durante la retención se estimula la respiración celular.
– Los textos clásicos del yoga afirman que la práctica del pranayama previene y cura muchas enfermedades y otorga una gran vitalidad.
– Purifica los nadis (canales psíquico-energéticos) y disuelve los bloqueos energéticos.
– Incrementa el nivel de energía y regulariza el fluido pránico dentro del cuerpo.
– Equilibra la actividad de los nadis ida (canal psíquico del cuerpo sutil que conduce la energía mental) y pingala (principal canal de la energía vital).
– Ayuda a la armonización y unión de prana y apana.
– Activa e incrementa el potencial de los chakras.
– Estimula el rendimiento intelectual. Mejora la memoria y proporciona claridad mental.
– Otorga calma y serenidad.
– El pranayama induce a un estado mental profundo que facilita la consecución de los estados de interiorización, concentración y meditación.

Fuente: Extracto del libro “Claves del Yoga, teoría y práctica” del Swami Digambarananda Saraswati, Danilo Hernández.

 

Beneficios de la práctica regular de la Meditación

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El que lo haya practicado por algún tiempo conocerá los numerosos beneficios que aporta la práctica regular de la meditación. Nos hemos encontrado con este gráfico que resume muy bien algunos de esos beneficios.

Pero ¿sabemos el por qué? Analicemos uno por uno cada uno de ellos. Me he tomado la libertad de cambiar el orden, por darle un poquito de sentido a la secuencia en la que suceden las cosas.

– Lo primero, ayuda a controlar los pensamientos. La meditación es una herramienta o ejercicio que se basa principalmente en centrar nuestra atención en algo en concreto. El objeto en el que centramos nuestra atención variará dependiendo del tipo de meditación que practiquemos. Pero básicamente al centrar nuestra atención conscientemente en algo, y si lo hacemos de forma periódica, logramos disminuir el tráfico de pensamientos que parlotean continuamente en nuestra mente y del que ni siquiera somos conscientes. Al practicar, aumentamos nuestra consciencia de ese “ruido” mental, y adquirimos la capacidad de llevar nuestra atención a donde deseamos.

– Como conseguimos empezar a controlar los pensamientos, proporciona sensaciones de calma, paz y equilibrio. Nuestra mente deja de estar liada y “preocupada” constantemente con los mil pensamientos inconscientes que normalmente nos ocupan, con lo que se crea la “calma mental”.

– Con lo cual, si nuestra mente está calmada, nuestro cuerpo está calmado, se reduce el estrés. Estar ocupado constantemente no significa estar estresado. Si estamos estresados es porque nuestra mente percibe una determinada situación como un peligro potencial y nuestro cuerpo activa todas sus capacidades para prepararse para salir a salvo del peligro. Si nuestra mente está en calma porque hemos conseguido reducir el tráfico mental, hemos aprendido a centrarnos mejor, y dejamos de interpretar situaciones adversas del día a día como si fueran situaciones de vida o muerte, conseguiremos reducir cuantiosamente el estrés en nuestra vida.

– Al reducirse el estrés, nuestro cuerpo consume menos oxígeno, al estar más relajados, aumenta la energía. Aunque realmente no aumenta, lo que realmente ocurre es que no consumimos tanta energía. Reconozcámoslo estar estresado o nervioso es agotador. El estar calmados hace que nuestra respiración sea más profunda, el oxígeno llega a todas las células de nuestro cuerpo, los músculos están relajados. No hay alarmas, no se invierten recursos para actuar en ninguna situación de peligro.

Reduce el dolor y mejora el sistema inmunitario. Cuando estamos estresados, nuestro cuerpo segrega hormonas, como el cortisol, y neurotransmisores, como la epinefrina y la norepirefrina. Si las tasas de cortisol y de estos neurotransmisores superan un determinado umbral, y nuestro cuerpo se satura de adrenalina, ponemos en peligro nuestra salud porque además se consumen recursos de otros sistemas fisiológicos, como el inmunitario, hasta el punto de llegar incluso, en ocasiones, a imposibilitar el adecuado desempeño de sus funciones. Con lo que en la medida en la que reducimos el estrés, y optimizamos nuestra energía, conseguimos mejorar la calidad de nuestro sistema inmunitario. Por otro lado, hay estudios que han demostrado que la práctica continua de la meditación puede reducir hasta en un 40% el umbral del dolor.

– Cuando estamos estresados, se activa el sistema nervioso simpático para así poner en marcha los cambios fisiológicos para intensificar nuestra actividad y así poder enfrentarnos al “peligro”. Estos cambios fisiológicos incluyen el aumento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea, la respiración más superficial, y la liberación de endorfinas para entumecer cualquier posible dolor. Además, otros sistemas, como el inmunológico, el digestivo y el reproductivo, se ralentizan, e incluso en ocasiones pueden llegar incluso a detener su actividad. Esto nos da una idea aproximada de hasta qué punto es perjudicial para nuestra salud que estemos en un estado de estrés constante. Al conseguir con la práctica reducir los niveles de estrés, y obtener sensaciones de calma y equilibrio, nuestro cuerpo también obtiene las consecuencias fisiológicas directas de estos estados, entre ellas está que, aumenta el flujo sanguíneo y se ralentiza el ritmo cardiaco, además, ayuda a revertir enfermedades del corazón.

– Por otro lado, como comentábamos antes, la práctica de la meditación consiste principalmente en enfocar nuestra atención en algo, ya sea el momento presente, o en un objeto en concreto. Esto dispersa la afluencia de pensamientos de cualquier índole, el ruido mental se va silenciando, y nos hacemos más conscientes, o lo que es lo mismo, escuchamos con más atención, lo que tenemos en la mente. Al crear el hábito de centrar nuestra atención en algo, en lugar de dejar que vaya a la deriva, vamos frenando el flujo espontáneo de pensamientos, muchos de ellos del pasado (que pueden causar melancolía, depresión), o del futuro (que pueden causar miedos, ansiedad). Con lo cual, se reduce los sentimientos de depresión, ansiedad, enfado y confusión.